imageSon momentos difíciles para estar en política. A esta maldita crisis económica que sufrimos, se ha apuntado un invitado indeseable: la corrupción pública. Un añadido terrible, que ahonda en esa sensación ciudadana de desconfianza en la política que no da soluciones, un elemento que golpea con dureza al mismísimo sistema democrático y que arroja una sombra muy alargada sobre las instituciones, que aparecen hoy ante la ciudadanía como recintos de poder alejados del pueblo, y en las que se ha convertido en demasiado habitual el aprovechamiento ilícito en detrimento de los intereses generales. Pues bien, ahora les daré un punto de vista distinto. No hay día que ese sentimiento generalizado no socave también de forma muy importante el ánimo y la voluntad de aquellos que tenemos muy claro que nuestra participación política supone trabajar por y para quienes nos eligieron, hacerlo de acuerdo con los principios que informan nuestra democracia, asumir las responsabilidades por nuestras acciones, servir a los ciudadanos y en ningún caso servirnos del cargo. Sin embargo, todo este razonamiento, presente en la grandísima mayoría de las mujeres y hombres de cualquiera de los partidos democráticos, que de una u otra forma dedican mucho de su tiempo personal a la tarea de participar en política, se desmonta en unos pocos segundos si uno escucha o lee cualquiera de los espacios informativos de este país. Más de treinta años de democracia, un Estado social y democrático de derecho, nacido en tan poco tiempo por el esfuerzo de todos, tambaleándose por el perverso efecto de la corrupción; una corrupción ligada históricamente al poder, fomentada en estos días por aquellos que para mantener viva una pretensión personal son cómplices y agravan la situación por no reaccionar, por no tomar la decisión adecuada. En esta historia, llueve sobre mojado en nuestro país, qué decir de nuestra Región. De nuevo, en recientes fechas, la lenta pero implacable acción de la Justicia ha vuelto a poner de manifiesto la realidad de que, a pesar de lo anteriormente dicho, es inevitable tener un garbanzo negro en la olla. En lo más cercano, quitada la digna actitud de los tres cargos intermedios de la Consejería de Turismo, dimisionarios al día siguiente de las actuaciones judiciales, la actitud del Gobierno regional del Partido Popular, con el presidente Garre a la cabeza, contribuye, vaya usted a saber si de manera intencionada, a la profundización de la desconfianza ciudadana imperante, infringiendo un tremendo daño a nuestra democracia. Dos consejeros del Gobierno, Cerdá y Sánchez, imputados por corrupción pública, el delegado del Gobierno de España, Bascuñana, imputado por corrupción pública, alcaldes, concejales y cargos de confianza, imputados por corrupción pública. Me pregunto, ¿cómo se puede hablar de transparencia con este panorama?, ¿por qué se obliga a dimitir a esos cargos intermedios y se protege a los principales cargos del Gobierno regional o al delegado del Gobierno?, ¿qué incoherencia es esta? La respuesta es obvia. El Sr. Garre no está en condiciones de tomar estas decisiones, porque el que realmente manda en el PP regional no está por la labor. Interpuesto por la imputación del principal delfín, Garre no tiene ni el poder ni la voluntad de tomar la decisión; esto es, cesar de forma inmediata a todos los cargos públicos de su gobierno hoy considerados presuntos corruptos. Aunque el PP regional quiera vestirse de seda, pues ya se sabe. Ninguna de las medidas de maquillaje que adoptan estos días sirve para nada. No calman la sed de limpieza y regeneración que tiene la sociedad. No es una cuestión de conciencia ni de generosidad, no. Se trataría de que el PP en la Región de Murcia entendiera que en este punto, en este momento de la historia, no caben medias tintas, no caben excusas. Que las instituciones democráticas merecen respeto y que mientras unos tratamos de dignificarlas con nuestro trabajo, otros las manchan manteniendo a sospechosos de haberlas mancillado. Al contrario de lo que sería de recibo, los dirigentes del PP se enrocan, se apoyan entre ellos, se hacen los mártires, buscan culpables fuera y se permiten dar lecciones de decencia a los demás. Hoy creen que ganan, pero mañana pueden hacernos perder a todos. Son incapaces de entender que la diferencia entre actuar desde los planteamientos individuales, eliminando los principios que deben sustentar la decisión, y actuar desde lo colectivo, aplicando valores a la decisión, es que sólo en este último caso esa decisión será sostenible en el tiempo. La decisión no es cualquier cosa, es clave. Sólo desde la firmeza con estos planteamientos recuperaremos la confianza de los ciudadanos y conseguiremos apuntalar el sistema democrático. En esa tarea, merece la pena poner todo nuestro esfuerzo. *Artículo publicado en el diario La Opinion de Murcia el 24 de Noviembre de 2014.

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