El pasado Jueves asistí a la cena organizada por la Agrupacion de Jóvenes Abogados del Colegio de Abogados de Murcia en la que se entregó el Premio de los Derechos Humanos al sacerdote Joaquín Sánchez.

Esta acertada iniciativa de mis compañeros abogados, resulta justa y adecuada en el reconocimiento a la labor y trayectoria de Joaquín Sánchez durante muchos años. Ahora, su reconocimiento mediático es mayor, mucha más gente conoce su labor social, pero sólo hay que conversar un rato con el o con quien le conoce para valorar su dilatada contribución, callada y humilde, a la construcción de una sociedad más justa.

Ejerciendo su sacerdocio en distintos lugares de la Región, como capellán del centro penitenciario de Sangonera o como impulsor de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, mi “tocayo”, ha dedicado toda su vida y su actividad a esa tan noble tarea de ayudar a los demás, de ponerse al lado de quien más lo necesita, pero de verdad, estando con ell@s, en la calle, dando la cara.

En su discurso de agradecimiento por el premio recibido que inspira este post, nos trasladó una espléndida reflexión desde su convicción mas firme acerca de la necesidad de que las personas sean hoy mas que nunca el centro de las decisiones políticas, desde una concepción de los derechos humanos, no como un concepto formado por palabras vacías, sino como punto de partida para la construcción de un proyecto social que de esperanza a la sociedad de nuestros días. Palabras, que confirmaban su actitud vital, el porque de su labor solidaria, la generosidad en el esfuerzo con los demás, la defensa de los valores de la dignidad y de la igualdad de tod@s por encima de cualquier interés individual, actos humanos que hacen mas fácil la vida a los demás, “palabras que dan vida”, nos dijo.

Todo un ejemplo en este tiempo que vivimos. Enhorabuena y gracias Joaquín.

 

En la foto, Joaquín Sánchez muestra el premio acompañado de su familia.

 

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