Seis mujeres han muerto en lo que va de año, víctimas de la violencia de género. Durante este periodo se han registrado más de 33.000 denuncias, unas 367 al día, que han dado lugar al inicio de los corrrespodientes procesos judiciales. Tras estos preocupantes datos, hay personas, están las vidas de tantas mujeres que se han visto sometidas a todo tipo de maltrato, y otros tantos niños y niñas que muy probablemente quedarán marcados por la vivencia de una experiencia tan traumática.

Yo lo he vivido en mi experiencia profesional como Abogado. He defendido a mujeres de agresiones físicas y psicológicas, he conocido de cerca dramas familiares que ha costado mucho recomponer, y sobre todo, he comprobado el sufrimiento que supone para la mujer que denuncia el desarrollo del proceso penal que en la mayoría de los casos se inicia, para que alguien se permita ni siquiera insinuar una mayoritaria falsedad de dichas denuncias.

El estudio realizado por la Fiscalía General del Estado demuestra que sólo el 0,01% de las denuncias presentadas son falsas. Otras encuestas realizadas indican que el 91% de los españoles expresa su rechazo a este fenómeno deplorable y más del 81% se manifiesta en desacuerdo con que la mayoría de las mujeres que denuncian lo hagan en falso.

Poner en duda de forma gratuita la veracidad de estas denuncias es injusto y temerario en cualquier ámbito, pero ese reproche es si cabe mayor si la afirmación se hace por un representante de todos los ciudadan@s, un representante en el Congreso de los Diputados, que lejos de enfocar este problema desde la adopción de las medidas para combatir esta lacra, se permite el lujo de cuestionar el dolor de las víctimas criminalizándolas.

Por desgracia, la violencia de género ha sido en nuestra sociedad un mal endémico encubierto hasta que el legislador comenzó a ponerle solución en el año 2004. Y ahí está el inestimable trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, los Juzgados Especializados, los profesionales que han atendido a las víctimas, que han encaminado su esfuerzo al objetivo común de acabar con  comportamientos machistas de sometimiento, humillación, dominio, miedo, e incluso muerte de las mujeres.

Estoy convencido de que todas esas medidas y otras muchas que habría que implementar son necesarias, pues a pesar de la visualización de esta realidad en los últimos años, son aún muchas las mujeres que no denuncian por miedo o dependencia económica. A todo este fenómeno hay que añadir los recortes que también en esta materia se han aplicado por parte de los gobiernos del PP. Sirva de ejemplo cercano el recorte del 25% en nuestros presupuestos regionales en materia de prevención de violencia de género con todos sus efectos.

Vista la situación, uno no puede menos que concluir que, los cobardes, no son sólo aquellos que muestran su valentía atacando a las mujeres, también lo son los que dan la espalda a este problema criminalizando a las víctimas y los que restan recursos para que puedan recobrar su dignidad.

 

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