Las escandalosas portadas de los distintos diarios nacionales y regionales presentando la surrealista y abominable historia del tesorero Bárcenas, desvelando las entrañas contables de el partido que hoy, ni mas ni menos, gobierna España, genera en muchos políticos, entre los que me incluyo, rechazo y alta preocupación.

Rechazo hacia la actitud de aquellos que por aferrarse al cargo apelando una y otra vez a la ignorancia respecto a las actuaciones llevadas a cabo por sus más fieles servidores, no asumen ninguna responsabilidad, emprendiendo una huida hacia delante temendamente dañina para la democracia y para la tan denostada actividad política, y todo ello un país con unas tasas de paro insoportables, una situación económica que languidece sin iniciativa alguna que lo remedie, con una acción política al servicio de las elites económicas, desgajada e inútil que sorprende y golpea a los ciudadanos cada día con nuevos recortes.

Y ante esta cruda realidad, no hay mas argumento por parte del partido que sustenta al gobierno de España que justificar las vergüenzas propias con las “vergüenzas” de los demás, aludiendo de forma sistemática a otro caso como el de los ERES en la Comunidad Autónoma Andaluza. Y lo digo clara y expresamente, no hay doble discurso, es este un asunto preocupante que esperamos se resuelva pronto identificando a los verdaderos responsables y haciéndoles pagar si así resulta probado.

Pero dicho esto, me niego a admitir  esa corriente de opinión que la derecha mediática directamente relacionada con el PP extiende estos días con el “todos son iguales”. Y esto es así porque la reacción política debida a los ciudadanos fuera de los tribunales por parte del Gobierno de la Junta de Andalucía no ha sido ni mucho menos la misma. Desde el primer momento, el gobierno, con su Presidente a la cabeza, asumió la necesidad de clarificar la situación, de arrojar luz a un asunto en donde se investiga una presunto uso fraudulento de fondos públicos, y para ello, se abrió una comisión de investigación en donde se pudieron comprobar ampliamente los extremos y en donde incluso compareció el propio Griñán.

Es esta sin duda, una forma muy diferente de afrontar las situaciones en las que la democracia se ve atacada por el fenómeno de la corrupción pública, dando la cara y abriendo las puertas a la transparencia y a la claridad.

Frente a esta forma de actuación, se opone el modelo PP, el modelo Rajoy, esto es, la táctica del avestruz que esconde la cabeza en el agujero, tomando el pelo a una ciudadanía que absorta asiste a la escenificación de un partido en el que o bien eran cómplices de las fechorías de Barcenas, o bien, no se enteraron manifestando una supina incompetencia. Sea por una o por otra razón, el Partido Popular esta dañando gravemente nuestra democracia con esta irresponsable actitud y desde luego sin que existan explicaciones la moción de censura está plenamente justificada.

Ante los episodios de corrupción pública que vivimos, no puedo mas que compartir la indignación de los ciudadanos, pues son paganos de una crisis que no han provocado y que están sufriendo en persona o en su entorno mas cercano, viendo como generaciones de jóvenes muy preparados se ven obligados a iniciar un exilio forzoso para buscar una oportunidad laboral, pero la solución está en la política, entendida como la guía para la solución y satisfacción del interés general de los ciudadanos en el marco de un estado de derecho.

No, no todos somos iguales. Los políticos honrados, somos la mayoría, y hacemos nuestro trabajo con dedicación, responsabilidad, transparencia y sensibilidad social. Somos por ello los primeros obligados a impedir que haya complicidad alguna con los que manchan la política, los que debemos respetar las decisiones judiciales y la presunción de inocencia si, pero desde las defensa de lo público que nos han encomendado, tenemos que elevar el listón, serlo y parecerlo,  y actuar en consecuencia. De este modo habremos dado un paso importante para recuperar la calidad de la democracia.

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