En un día triste como cada 7 de noviembre desde hace dos años, terminé mi jornada cenando con buenos amigos en la casa de otro buen amigo, un espacio que representa muchos ratos de reunión en familia, de buenos recuerdos con los más cercanos, y por supuesto, de buena comida. Ese estupendo lugar no era otro que la casa de Paco, el dueño del Restaurante Victoria en La Alberca (Murcia). Un negocio familiar que mece la pena conocer no sólo por la calidad de su cocina tradicional, sino porque allí se siente uno como en casa, y eso no es fácil.

Después de cenar, y cumpliendo con la tradición, mi amigo Paco, visiblemente cansado por un largo día de trabajo, salió a saludarnos como siempre tan cariñoso, y tras el recuerdo a mi padre, me interesé por cómo andaba el negocio. A esta pregunta Paco me respondió con una reflexión que merece esta entrada en el blog.

Ante las dificultades actuales y lejos de tirar la toalla, había decidido abrir un nuevo restaurante que se adaptara más a la situación de crisis que viven hoy la mayoría de las familias. Pero lo más importante de su decisión no era esto. Lo más importante era el motivo por el que había llevado a cabo tal propósito, y no era otro que mantener los puestos de trabajo que durante decenas de años había logrado generar y que por todos los medios pretendía conservar. Paco está firmemente convencido de que solo si todos sumábamos en la dirección de ayudarnos a salir de esta seríamos capaces de hacerlo.

Ante todos estos argumentos que escuché sin pronunciar palabra, sólo pude contestar asintiendo con una sonrisa cómplice, darnos un abrazo y salir de allí pensando en cuanta razón tenía mi amigo Paco, con la esperanza de que si nos aplicamos a esa tarea solidaria de remar todos en la misma dirección, saldremos de esta crisis sin dejar a nadie en el camino.

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